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España, prueba de que el talento rompe los muros

El defensa de la selección española Gerard Piqué celebra con sus compañeros el gol que ha marcado durante el partido España-República Checa del Grupo D de la Eurocopa de Fútbol de Francia 2016, que se disputa hoy, 13 de junio de 2016, en el Estadio Municipal de Toulouse (Francia). EFE/JuanJo Martín

La última vez que “La Roja “ disputó un partido oficial en territorio francés fue justamente un 13 de junio de 1998. El  equipo dirigido entonces por Javier Clemente perdió 2-3 ante Nigeria en su debut en la Copa del Mundo de Francia en el Stade de la Beaujoire, de Nantes.

18 años después esta vez en Toulouse, la escuadra española pudo exorcizar ese fantasma y derrotó en un partido que se complicó más de lo pensado a la República Checa en el debut en la Eurocopa de 2016.

El eterno debate de la portería llegó a su fin una hora antes del encuentro, cuando Vicente del Bosque dio a conocer la alineación. David de Gea fue el elegido para custodiar la portería, y en el ataque los hombres que tuvieron la responsabilidad de suplir a Torres y Villa fueron Álvaro Morata y Nolito

Con el pitazo inicial España comenzó a hacer lo que mejor sabe, tener la posesión de la pelota y hacerla circular, juego con el poco a poco hizo que los checos se replegaran en propio campo.

A los quince minutos Morata estuvo a punto de abrir el marcador, pero el gigante Peter Cech evitó el primero de “La Roja”, jugada concedida tras una conexión entre Fabregas y Silva.

Al ver la avalancha española, la República Checa no tuvo otra alternativa más que replegarse. Por momentos a Rosicky, la gran figura de la escuadra rival, se le vio realizando labores de defensor central al ver como Juanfran y Jordi Alba iban a fondo sin resistencia alguna por los laterales.

Morata nuevamente puso a prueba a Cech después de ser habilitado por Andrés Iniesta (sin duda la figura del encuentro), y en acto seguido el delantero de la Juventus se puso el traje de 10 para dejar a Jordi Alba solo frente al portero del Arsenal que nuevamente le ganó el duelo a los españoles.

El primer tiempo terminó con una España metida por completo en campo checo, valiéndose de todos los medios (asociaciones, disparos de media distancia y jugadas de pelota quieta) para marcar el primero que al final de los 45 minutos no llegó.

Para la segunda mitad la escuadra de Pavel Vrba, que está muy lejos de aquella selección que con jugadores como Pavel Nedved y Milan Baros le metió miedo a todo Europa a principios del siglo XXI, estuvo a punto de quedar en desventaja en el primer minuto del complemento, cuando un centro de Morata fue desviado por el central Sivok y el palo ahogó el grito de euforia de los españoles.

La República Checa trató con sus pocas armas ofensivas equilibrar el encuentro y tras una jugada a pelota quieta el veterano defensa central Hubnik probó al frío De Gea que hasta el momento era un espectador más y respondió a la confianza del entrenador con una gran atajada, demostrando sus reflejos felinos.

Los checos consientes del peligro que generaba España con sus sociedades, pobló el centro del terreno de juego, obligando a “La Roja” a jugar por los laterales y a lanzar centros al área, hecho que obligó a del Bosque a cambiar de nueve.

Morata que por sacrificio merece un diez por luchar codo a codo con “las torres de Praga” aunque sin exito, fue sustituido por Aduriz, el león con mucha más fortaleza física fue el referente de área que utilizó “la furia” para ir por el gol. El artillero del Athletic primero con un remate de cabeza y después con un intento de chilena estuvo a punto de inflar las redes de la portería de Cech que con cada minuto parecía que se agigantaba más en su arco.

Los bombardeos al área checa se convirtieron en rutina ante la facilidad de Jordi Alba y Juanfran de llegar a línea de fondo. El domino en la posesión que llego casi al 70% genero un adelantamiento de las líneas españolas. Tanto Ramos como Piqué incursionaron en el área rival en busca del gol.

Anotación que llegó a falta de cuatro minutos. Cuando Pedro, que había ingresado en lugar de Nolito, recogió un rebote cerca a la media luna y al ver más de 12 piernas en el área abortó la idea de encarar y prefirió cederle el balón a “el cerebro” que estaba recostado hacia la izquierda, Iniesta fiel a su apodo condujo la pelota, con dos caricias encaró y esta vez a diferencia de Sudáfrica el nacido en Fuentealbilla no escuchó el silencio pero si vio a Piqué marcándole una diagonal y con un sutil toque de borde interno, envió el esférico en una parábola perfecta a la cabeza del central azulgrana que con un gran gesto técnico generó la euforia de los españoles, Piqué con un cabezazo cambió y esperemos que para siempre los pitos por aplausos.

Jairo A. Castillo Díaz

 

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