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¿Sabes lo que comes?

Adriana Genieser

Es sabido que además del famoso principio hipocrático, el padre de la medicina occidental llegó a decir: “que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”. Así, aquel sabio hacía referencia a que dependiendo de la dieta que se lleve, afectará positiva o negativamente a la salud; por lo que hay que prestar importancia a lo que comemos y de dónde procede.

Nuestros más cercanos primates siguen una dieta frugívora. Si estudiamos al ser humano por sus rasgos, nos daremos cuenta de que tiene una constitución para seguir una dieta vegetariana y no carnívora u omnívora. Nuestro tipo de visión hace que veamos los colores con detalle para así distinguir las frutas más maduras a distancia; los carnívoros no ven el color con tanta claridad. Nosotros obtenemos la vitamina C de los alimentos y los carnívoros manufacturan su propia vitamina C. Nuestra mandíbula es característica de los consumidores de plantas; tiene la capacidad de tener movimientos laterales, mientras que la de los carnívoros no.  Tanto nuestra anatomía como nuestra fisiología, bioquímica y psicología indican que no somos carnívoros.

El ser humano rechaza la sangre y más aún la idea de ingerirla, algo que un animal carnívoro no. La mayoría amamos a los animales y no disfrutamos con la idea de sacrificarlos. Por lo que mucha gente está de acuerdo en que si tuvieran que matar a los animales para luego comerlos, no volverían a comer carne. Incluso una vez obtenida la carne, el ser humano trata de camuflarla cocinándola y añadiéndole condimentos. Además, tratamos de disimularlo con palabras: no decimos comemos “vaca”, sino “solomillo”, “filete”, “entrecot”, etc.

En algunas tribus de África se consume carne de cocodrilo porque creen que así obtienen la fuerza del animal. La verdad es que no van mal encaminados; cuando consumes un animal te estás alimentando de su ser y de su energía. Y las carnes que se consume son de animales que antes de ser sacrificados en el matadero y durante el proceso sufren estrés y miedo porque intuyen que van a morir. Ese miedo se queda en el cuerpo del animal, haciendo que la carne sea más dura y los músculos estén contraídos y rígidos (la carne no se puede comercializar directamente, sino que deben pasar tres días para que la carne se reblandezca y así sea apta para su consumo). Esas tribus nunca comerían la carne de estos mataderos, puesto que el animal no sería puro debido a su sacrificio y lo único que les transmitiría la carne del animal sería el miedo que tuvo el animal antes de morir.

Los mataderos tienen la tasa de cambio de empleados más alta de cualquier industria. Y además no está permitido visitarlos porque a la mayoría de las personas les resulta ofensivo. Por esa razón al consumidor se le omite el conocimiento de cómo esa carne llegó hasta su plato. Se realizó un estudio estadounidense, en un supermercado, en el que se mostraba una etiqueta con el nombre del producto, por ejemplo “salchichas”, y debajo una foto de un cerdo en un matadero. Ningún consumidor de carne compró este producto y la mayoría afirmó que sería correcto que apareciera ese formato para los productos cárnicos, pues muestra la verdad sobre la procedencia del producto, pero económicamente no sería viable para las empresas que lo comercializan porque no venderían. Por eso se trata de ocultar la procedencia del producto.

La producción de carne tiene graves consecuencias medioambientales. Para la obtención de este producto se producen grandes cantidades de emisiones de CO2, perjudicial para el planeta. Algunos animales, como las vacas, las producen a lo largo de su vida, lo que aumenta las emisiones de CO2 en nuestro planeta. Todo esto resulta poco ecológico y nada favorecedor para el medioambiente.

Estos animales consumen grandes cantidades de alimento a lo largo de su vida. Por esta razón se baraja cada vez más la idea de bajar la producción de carne en un futuro. Su consumo no saldrá rentable debido a las grandes cantidades de cereales y piensos que consumen. Se prevé que el coste de la carne será bastante más elevado en un futuro y no sostenible para la mayoría de los bolsillos. Necesariamente, la mayoría de la población deberá seguir una dieta más vegetariana. Además, todo el alimento que se emplea para dar de comer a estos animales podría emplearse para aquellas personas que mueren por desnutrición.

Con respecto a los piensos, no solo están compuestos de cereales hormonados. Además de estos, hay otros cuya producción resulta muy económica, a la par que también peligrosa. Los mataderos no se han quedado cortos a la hora de apuntarse a la reutilización y reciclaje para darle una vida nueva a la sangre.  Así es, de la sangre de los animales sacrificados no se desperdicia ni una gota. Se recoge y se elabora harina de sangre, que como su nombre indica, está elaborada con la sustancia vital de estos animales. Con ella se fabrican piensos que luego se les dará de comer a los animales de las industrias cárnicas.

La dieta vegetariana conlleva una alimentación más sana. Las personas que siguen esta dieta tienen una vida más longeva y se ponen menos enfermos que una que no la lleva. Los beneficios de esta dieta son inmejorables para el organismo humano. Además, previene serias enfermedades como el cáncer, la obesidad o las patologías cardiovasculares. Hoy en día, cada vez es mayor el número de personas que siguen esta dieta, hecho que demuestra que la carne o el pescado no son necesarios para conseguir una dieta sana y equilibrada. El consumo de carne es meramente caprichoso y no informarse de primera mano de cómo ha llegado la carne a tu mesa es un acto de ignorancia y desentendimiento de lo que consumes. Si no es necesario el consumo de animales para estar sano y vivir, esas muertes se producen por placer y capricho. La mayoría de la gente no lo piensa así porque piensan como les enseñan y han aprendido sobre la alimentación errónea que se vende. Comer animales sin ser necesario para la supervivencia y subsistencia de un cuerpo va en contra de la ética para la justicia animal. Todas las muertes que se producen cada año de animales para el consumo humano y la idea de que un animal nazca y muera entre rejas va en contra de todo trato de respeto hacia los animales que son nuestros acompañantes de la Tierra. Por lo que no hay un equilibrio que compense nuestra conducta hacia ellos.

Aquellas personas que sigan una dieta omnívora deben ser conscientes de las consecuencias que esta dieta conlleva. De la misma manera que a un vegetariano se le pregunta ¿por qué lo es?, podríamos preguntar también a una persona omnívora sin que se extrañe por ello. Es importante que seamos conscientes de lo que hacemos y vayamos autodescubriéndonos poco a poco a nosotros mismos. La dieta influye directamente en el carácter, estado de ánimo y salud, por lo que no debe dejar pasar de largo el informarse de la procedencia y composición de los alimentos que consume.

Adriana Genieser

Sobre el Autor

Campus de Villaviciosa de Odón - Madrid
Email: webmaster@europeamedia.es

Europea Media es la clínica de medios de la Universidad Europea. Europea News es el periódico digital de la clínica de medios.

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