Estados Unidos e Irán: una pelea larga convertida en guerra

Carla Feria y Nicolás Morata

Desde febrero de 2026, Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, y la República Islámica de Irán atraviesan una grave escalada de tensiones. En el marco de la operación denominada “Epic Fury”, fuerzas aéreas de Estados Unidos e Israel llevaron a cabo una ofensiva sobre territorio iraní que resultó en la muerte del líder supremo, Ali Khamenei, así como de otros altos cargos del régimen.

Este episodio no constituye un hecho aislado, sino que representa la culminación de décadas de rivalidad, desconfianza mutua y disputas geopolíticas por la influencia en Oriente Medio. En la actualidad, las consecuencias de esta crisis ya se dejan sentir a nivel global: el encarecimiento del petróleo, el temor a una escalada mayor del conflicto y una creciente división entre los países aliados configuran un escenario de alta incertidumbre internacional.

Todo esto viene de lejos, desde 1953. Ese año Estados Unidos y el Reino Unido metieron mano y ayudaron a dar un golpe de Estado en Irán. Quitaron al primer ministro Mohammad Mossadegh porque había dicho que el petróleo del país tenía que ser para los iraníes y no para los de fuera. Pusieron en su lugar al Shah Mohammad Reza Pahlavi, que era un aliado de Estados Unidos. Para los iraníes eso fué una traición en toda regla, un país metiéndose donde no lo llamaban solo por el petróleo.

Más adelante llegó la revolución islámica de 1979. La gente ya estaba harta del Shah y lo echó. El que mandó entonces fue el Ayatolá Ruhollah Khomeini, muy religioso que quería que el país fuera todo por el islam. Como protesta contra Estados Unidos, unos estudiantes cogieron la embajada americana en Teherán y tuvieron retenidos a 52 estadounidenses durante 444 días enteros. Eso enfureció a Estados Unidos y ahí empezaron las primeras sanciones.

Misil de Irán – FOTO: israelnoticias.com

En la guerra entre Irán e Irak, que duró de 1980 a 1988, Estados Unidos dió armas y dinero a Irak. Irán perdió cientos de miles de personas y lo vio como otra traición. En 2002 el presidente George W. Bush metió a Irán en eso que llamó el “Eje del Mal”, que sirvió como argumento para más buscar armas nucleares. Ahí el miedo y el sentimiento de odio incrementó.

En 2015, con Barack Obama, firmaron un acuerdo que se llamaba “jcpoa”. Irán decía que iba a limitar su programa nuclear, que era solo para hacer energía y no bombas, y a cambio Estados Unidos y los demás quitaban algunas sanciones. Irán cumplió al principio, pero el acuerdo nunca tocó el tema de los misiles que tiene Irán ni de los grupos que ayuda fuera, como Hezbolá en Líbano o los hutíes en Yemen.

Cuando Trump llegó en 2017, cambió todo de golpe. En 2018 sacó a Estados Unidos del “jcpoa” y puso lo que él llamaba “presión máxima”: sanciones tan fuertes que la economía de Irán fué la peor crisis en 40 años. El rial iraní se hundió, la gente no podía ni comprar comida ni medicinas y el paro se disparó.

Con Joe Biden, entre 2021 y 2025, intentaron arreglar el acuerdo otra vez pero no hubo manera. Mientras, los grupos que apoya Irán seguían atacando barcos y bases americanas. El ataque de Hamás a Israel en octubre de 2023, que Irán ayudó bastante, lo empeoró todo. Cuando Trump ganó de nuevo en 2024 y volvió a la Casa Blanca en 2025, empezaron conversaciones indirectas en Omán, pero se rompieron porque Irán no quería parar de enriquecer uranio ni soltar sus misiles.

En junio de 2025 Israel y Estados Unidos ya habían bombardeado algunas plantas nucleares de Irán. Hubo un alto el fuego corto, pero dentro de Irán estallaron protestas enormes. La gente salía a la calle por la crisis económica, el rial se derrumbó del todo y el gobierno mató a miles de manifestantes y metió en la cárcel a decenas de miles más. Trump vió el momento y dijo en público que los iraníes tenían que aprovechar para cambiar su gobierno. Irán contestó dejando de hablar con la agencia internacional de energía atómica y no dejó entrar más inspectores.

Al final, en febrero de 2026, después de que las conversaciones fracasaran otra vez, Estados Unidos e Israel soltaron la operación “epic fury”. Atacaron casi 900 objetivos, destrozaron plantas como Natanz y Fordow y mataron a Khamenei, al ministro de Defensa y a varios mandos de la Guardia Revolucionaria. Irán respondió lanzando misiles contra bases americanas en Baréin, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes, y también contra Israel. Hasta ahora hay más de 555 muertos en Irán, 11 en Israel y varios soldados americanos heridos o muertos.

Desde el lado de Estados Unidos e Israel, ven a Irán como el mayor patrocinador del terrorismo del mundo. Dicen que su programa nuclear puede acabar en bombas atómicas que ponen en peligro a Israel, que está al lado, y a las bases americanas de la zona. La “presión máxima” de Trump es para obligar a Irán a firmar un nuevo acuerdo que controle también los misiles y los grupos que financia. Israel dice que no puede permitir que Irán tenga armas nucleares porque cambiaría todo el equilibrio en Oriente Medio y pondría en riesgo su propia existencia. Trump ha dicho varias veces que los ataques son solo para defenderse de “amenazas inmediatas”. Ha pedido a los iraníes que se levanten contra su gobierno y ha prometido ayudarlos, pero insiste en que no busca una guerra total, solo la fuerza que haga falta.

Irán lo ve todo al contrario. Para ellos Estados Unidos es el que siempre se mete donde no lo llaman. Se acuerdan del golpe de 1953, del apoyo a Irak en los 80 y de las sanciones que han hecho sufrir a la gente normal. Dicen que su programa nuclear es solo para electricidad y para defenderse, nada de bombas. Ayudar a Hezbolá o a los hutíes lo llaman “resistencia” contra el imperialismo americano y contra Israel, al que llaman “entidad sionista”. Acusan a Trump de aprovechar las protestas de dentro para romper el país por dentro. Los medios iraníes llaman a la gente a resistir y dicen que nunca se van a rendir.

Antes de morir, Khamenei ya había dicho que no hablaba directamente con Estados Unidos. Avisó que cualquier ataque iba a provocar una guerra regional enorme y acusó a Trump de tener “locura de guerra”. Ahora los que quedan al mando, como Ali Larijani y el presidente Masoud Pezeshkian, dicen que las conversaciones eran solo una trampa para ganar tiempo y que sus misiles no se negocian. Pezeshkian antes tenía algo de esperanza en el diálogo, pero ahora llama a los ataques una “amenaza a la existencia misma de Irán”.

Las consecuencias ya se notan en todas partes. El Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo del mundo, está casi cerrado. El barril subió de golpe entre 10 y 20 dólares. En Estados Unidos hay riesgo de inflación fuerte y recesión si esto se alarga, porque afecta la comida y el transporte. En Irán la economía está peor que nunca y las protestas no paran. A nivel mundial hablan de  precios altos y poco crecimiento. Europa, que compra mucho gas y petróleo, ya está pagando facturas más caras.

En lo militar y lo humano, el riesgo de una guerra más grande es real. Los grupos que apoya Irán (Hezbolá, hutíes y milicias en Irak) pueden atacar más sitios. Ya han dado en aeropuertos y puertos de Emiratos Árabes y Arabia Saudi. Si el gobierno iraní cae, puede haber guerra civil dentro de Irán, miles de refugiados corriendo hacia Turquía o Europa y un caos total en la zona. Estados Unidos también se está estirando demasiado y eso hace que sus aliados empiecen a dudar de su fuerza.

Las relaciones internacionales están hechas un desastre. España fué de los primeros en decir “no”. El gobierno de Pedro Sánchez no dejó a Estados Unidos usar las bases de Rota y Morón para los ataques. Dijo que eso rompía el acuerdo entre los dos países y que iba contra el derecho internacional. Sánchez criticó la acción unilateral de EE.UU e Israel porque hace el mundo más peligroso y hostil. Los aviones americanos tuvieron que salir pitando de las bases españolas. España insiste en que todo tiene que pasar por la ONU.

La ONU ha pedido varias veces que paren la violencia y hablen. Rusia y China están claramente con Irán. Dicen que Estados Unidos solo quiere cambiar el gobierno iraní por la fuerza y que eso no se puede permitir. Han dado apoyo diplomático y amenazan con vetar cualquier cosa en el Consejo de Seguridad.

Vehiculo con bandera de Irán en mitad del desastre – FOTO: cnn.com

Europa anda dividida. Francia, Alemania y Reino Unido dicen que apoyan “acciones defensivas” de Israel, pero no quieren condenar a Trump ni meterse de lleno en la guerra. Canadá y Australia sí que respaldan a Estados Unidos del todo.

En el Golfo Pérsico, Emiratos Árabes y Arabia Saudita están nerviosos porque ya han recibido ataques iraníes en aeropuertos y puertos. La OTAN está presionando para que ayuden, pero muchos europeos no quieren otra guerra como la de Irak.

Otros países también han hablado. Turquía se ha ofrecido para mediar. India y Brasil, que compran mucho petróleo de Irán, piden calma porque les da miedo que los precios suban más. En América Latina, México y Argentina han criticado la acción unilateral y recuerdan que las sanciones solo hacen daño a la gente corriente.

Al final, este conflicto junta historia antigua de golpes, petróleo y religión con problemas de ahora: misiles, sanciones y el miedo a que Irán tenga bomba atómica. Trump quiere un nuevo acuerdo fuerte o cambiar el gobierno. Irán solo quiere defender su soberanía y su derecho a tener armas para protegerse. Mientras, el mundo está pagando: el combustible más caro, más inseguridad y amistades rotas. No se sabe si esto se acaba en semanas o se convierte en una guerra larga, pero está claro que lo que decidan ahora va a cambiar el mapa de Oriente Medio y nos va a afectar a todos durante muchos años.

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