Daniela García-Viana Gómez y Carla Sánchez
En el tercer día de la Semana de la Comunicación y el Marketin 2026, en la Universidad Europea de Madrid, se ha presentado la campaña “El Monstruo de mi Cabeza”, una iniciativa colaborativa que busca visibilizar el Glioma Difuso Intrínseco de Tronco (DIPG), un cáncer infantil sin cura que afecta a cientos de niños cada año.
El Glioma Difuso Intrínseco de Tronco (DIPG) es uno de los tumores cerebrales más agresivos en la infancia y, a día de hoy, carece de tratamiento curativo. Se localiza en el tronco encefálico, una zona vital que controla funciones básicas como la respiración o el ritmo cardíaco, lo que dificulta enormemente cualquier intervención quirúrgica. Afecta principalmente a niños de entre dos y siete años y su diagnóstico supone, en la mayoría de los casos, una esperanza de vida de apenas tres a nueve meses.

Charla con Pablo Pomar y Nerea Cánovas. FOTO: Carla Sánchez
En España, cada año se diagnostican cientos de casos de cáncer infantil, de los cuales el DIPG representa aproximadamente un 20% de los tumores cerebrales pediátricos. A pesar de su gravedad, sigue siendo una enfermedad poco conocida y con escasa visibilidad mediática, lo que se traduce también en una limitada inversión en investigación.
Ante esta situación, surge la campaña “El Monstruo de mi Cabeza”, una iniciativa impulsada por asociaciones y familias afectadas que han decidido transformar la experiencia personal en acción colectiva. El objetivo principal es sensibilizar a la sociedad sobre la existencia de este tumor y generar un movimiento que impulse tanto la financiación como el interés institucional en su investigación.
La campaña se articula en torno a una potente metáfora: el tumor se representa como un “monstruo” que habita en la cabeza de los niños. Esta figura no solo simboliza la enfermedad en sí, sino también el miedo, la incertidumbre y la soledad que acompañan a los pacientes y sus familias durante el proceso. A través de este recurso, se busca hacer visible lo invisible y conectar emocionalmente con el público.
Además, la iniciativa incorpora acciones participativas como la recogida de firmas, las donaciones y la difusión en redes sociales, apelando a la implicación directa de la ciudadanía. Elementos como el contador de “monstruos destruidos” refuerzan la idea de lucha colectiva y permiten visualizar el impacto de cada aportación individual.
En este contexto, la participación de estudiantes universitarios añade una dimensión creativa y estratégica a la campaña. Se les invita a desarrollar propuestas con potencial viral y capacidad de impacto social, contribuyendo así a amplificar el mensaje y a situar el DIPG en el centro del debate público. De este modo, la comunicación se convierte en una herramienta clave no solo para informar, sino también para movilizar y generar cambio. Detrás de esta iniciativa se encuentran asociaciones formadas por familias que ya han perdido a sus hijos a causa de esta enfermedad, lo que aporta una dimensión profundamente humana al proyecto. En este sentido, cada aportación, ya sea a través de la creación de contenido, como vídeos, o del desarrollo de ideas, no solo contribuye a dar visibilidad a la causa, sino que también supone una forma de apoyar la investigación y de mantener viva la lucha de estas familias.