Manuela Chica
En la Fundación MAPFRE se encuentran diferentes exposiciones temporales capaces de sumergirnos en las obras de artistas interesantes dentro de la fotografía y la pintura. Una de ellas es la dedicada a Helen Levitt, quien, a través de su exposición, logra transportar al espectador a un concepto que ella misma define como A way of seeing, sugiriendo la esencia de todo el recorrido que compone una experiencia a través de los años de su carrera, en la que llegó a descubrir la ciudad de Nueva York de una manera profundamente humana y sensible. Helen se acercaba a mirar los barrios y a la gente común con una mirada empática, encuadrando escenas de la vida cotidiana que para ella hablaban más que cualquier serie de palabras.
Helen fotografiaba las calles en ese estado incierto y desolado que se intensificó durante el contexto de la Gran Depresión en Estados Unidos, cuando las políticas del New Deal intentaban reconstruir una ciudad marcada por el desempleo, la migración interna y la desigualdad. En ese paisaje urbano conviven las promesas del progreso americano con una realidad social fracturada. Sus obras son protagonizadas por niños afroamericanos que ya portan traje y sombrero a temprana edad, comunidades latinas y otras poblaciones marginalizadas. Sus composiciones se centran en posicionar a estos personajes en estados de tensión o marginalidad, en medio de calles llenas de publicidad americana y arquitecturas profundamente neoyorquinas, situándolos dentro de un paisaje en el que no parecen sentirse cómodos, al encontrarse en espacios no diseñados para ellos ni para sus necesidades.
En este contexto, la fotografía estaba cambiando profundamente. En las décadas de 1930 y 1940 surge una nueva sensibilidad documental que rompe con la fotografía rígida de estudio y con el pictorialismo anterior, que intentaba imitar la pintura. La cámara deja de ser únicamente una herramienta de representación controlada y empieza a entenderse como un instrumento de observación directa del mundo moderno. La calle se convierte en un nuevo territorio digno de explorar.
Dentro de esta transformación aparecen figuras como Henri Cartier-Bresson, quien formula la idea del “instante decisivo”, donde la fotografía captura una fracción irrepetible de la realidad, y Walker Evans, que desde una mirada más estructural y casi tipológica documenta la vida americana con una distancia fría, pero profundamente política. Ambos, junto con Levitt, forman parte de un cambio en la percepción artística asociada al medio fotográfico.
Helen lograba sus fotografías estando genuinamente interesada en la naturalidad y cotidianidad de las escenas. Aunque las imágenes puedan sentirse como escenas montadas o preparadas, ella era discreta y escondía la cámara entre telas o ropa, dejando visible únicamente el lente para pasar desapercibida y capturar el realismo y la espontaneidad.

Esta exposición cuenta con una mezcla importante entre escritura poético-analítica e imagen, gracias a la lectura de las fotografías a través de los textos del aclamado escritor James Agee, quien interpretó las imágenes de Helen como “un manifiesto silencioso de la condición humana”. En ese cruce entre imagen y palabra, la fotografía deja de ser solo documento y se convierte también en una forma de pensamiento sobre lo humano dentro de lo urbano.
Helen no buscaba escandalizar ni idealizar.
Solamente observar.