Sonny Chainani, Andrea Rozas y Jorge Herrera.
El tratado de Start III entre Estados Unidos y Rusia llegó a su fin el día 5 de febrero y esto significa la desaparición del único marco legal que regulaba directamente sus arsenales nucleares.
El pasado 5 de febrero de 2026 el tratado de Start III expiró y puso punto y final a esa firma de acuerdo entre Barack Obama y Dmitri Medvedev que se produjo en 2010, pero que entró en vigor en 2011. Esta alianza supuso el límite del número de armas nucleares estratégicas entre Estados Unidos y Rusia, pero a partir de ahora, se pierde el principal mecanismo de verificación mutua que ayudaba a limitar riesgos y generar transparencia entre ambas potencias. Además, no se ha producido una extensión o un nuevo acuerdo sustituto, lo cual significa que ya no existe un marco jurídico bilateral que limite los arsenales nucleares de EE.UU. y Rusia. La última vez se estableció que Washington y Moscú estaban limitados a unos 1.550 ojivas nucleares estratégicas y cerca de 700 sistemas de lanzamiento activos (misiles y bombarderos estratégicos).
El New START, cómo también fue llamado este acuerdo, fue el último gran acuerdo heredero de la arquitectura de control de armas surgida tras la Guerra Fría. Durante más de una década se permitió mantener un equilibrio estratégico relativamente estable entre Washington y Moscú en el tema nuclear. Sin embargo, su funcionamiento se fue debilitando progresivamente, especialmente a partir de 2023, cuando Rusia anunció la suspensión de su participación en el marco del conflicto en Ucrania. Desde entonces, las inspecciones quedaron paralizadas y la confianza mutua fue deteriorándose progresivamente.

El fin del acuerdo no implica de manera automática una escalada nuclear inmediata, pero sí marca un punto de inflexión en la seguridad internacional construida tras la Guerra Fría. Durante más de tres décadas, los acuerdos de control de armas ofrecieron previsibilidad, canales de comunicación y límites cuantificables que reducían el riesgo de confrontación directa entre las grandes potencias. Hoy, ese marco ha desaparecido.
La ausencia de límites formales podría reactivar dinámicas de competencia estratégica que muchos expertos consideraban superadas. Aunque no se ha anunciado un aumento inmediato de arsenales, ambos países cuentan con la capacidad técnica e industrial para ampliar rápidamente el número de ojivas desplegadas si así lo decidiera. Este escenario podría alimentar una nueva carrera armamentística, incrementar el gasto militar y complicar los esfuerzos globales de no proliferación. En este sentido, José Carlos Aránguez, profesor titular de Historia de las Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Madrid, advierte que “al no haber tope ni inspecciones, crece la inestabilidad estratégica y también la posibilidad de errores de cálculo entre potencias nucleares”, lo que puede conducir a “un marco de incertidumbres” Además, señala que esta situación podría incentivar a otros actores globales como China a expandir sus capacidades, dificultando nuevos acuerdos y deteriorando la seguridad internacional.
Estados Unidos y Rusia dejan de estar sujetos a límites cuantitativos verificables sobre sus arsenales nucleares estratégicos por primera vez desde comienzos de los años noventa. Aunque ambas potencias han señalado que no planean incrementos inmediatos, la ausencia de un marco legal elimina las obligaciones de intercambio de información y las inspecciones presenciales que garantizaban el cumplimiento.