El gobierno británico contra las cuerdas

Paula Cárdenas, Lucía Maestro y Gladys Román

El gobierno del Reino Unido atraviesa una de las crisis políticas más graves de los últimos años. El primer ministro, Keir Starmer, enfrenta una tormenta perfecta,  escándalos éticos, dimisiones en el núcleo del poder, rebelión interna en su propio partido y una creciente desconfianza pública. Aunque el ejecutivo no ha caído, su estabilidad está seriamente cuestionada y su futuro político, en entredicho.

El detonante principal de la crisis ha sido el escándalo que vincula al influyente político laborista Peter Mandelson con el delincuente sexual Jeffrey Epstein. Documentos recientes revelaron contactos más estrechos de lo que se conocía hasta ahora entre ambos, lo que provocó una fuerte reacción política y mediática. La polémica estalló especialmente después de que Mandelson fuera nombrado embajador del Reino Unido en Estados Unidos, una decisión que generó indignación tanto en la oposición como dentro del propio Partido Laborista.

La presión fue tal que Starmer se vio obligado a pedir disculpas públicamente por haber confiado en Mandelson. La polémica no solo dañó la imagen del gobierno, sino que desencadenó dimisiones que han dejado al Ejecutivo en una posición extremadamente vulnerable. Entre las renuncias más significativas se encuentra la del jefe de gabinete del primer ministro, Morgan McSweeney, considerado uno de los principales arquitectos de la estrategia política de Starmer. También dimitió el secretario del gabinete, Chris Wormald, el funcionario de mayor rango en la administración británica. A estas dimisiones se sumó la del director de comunicación del gobierno, Tim Allan.

El escándalo Epstein también ha vuelto a situar bajo los focos a la monarquía británica. El príncipe Andrés se vio envuelto en acusaciones de abuso sexual relacionadas con la red de Epstein, presentadas por Virginia Giuffre. El caso se resolvió mediante un acuerdo extrajudicial millonario que evitó un juicio público, financiado en parte con recursos del patrimonio real.

En paralelo a los escándalos, el gobierno enfrenta una creciente polarización política, especialmente en torno a la inmigración. El empresario multimillonario Jim Ratcliffe desató una fuerte polémica al afirmar que el Reino Unido había sido “colonizado por inmigrantes”. Starmer respondió calificando esas declaraciones de “ofensivas y equivocadas”, pero el debate reavivó las divisiones sociales y políticas en el país y dio impulso a fuerzas populistas como Reform UK, que han capitalizado el descontento ciudadano.

Por el momento, Starmer ha reiterado su intención de continuar en el cargo y superar la crisis. Sin embargo, su futuro dependerá de su capacidad para restaurar la confianza dentro de su partido, estabilizar su equipo de gobierno y recuperar el apoyo de la opinión pública. En un país acostumbrado a la estabilidad institucional, el Reino Unido enfrenta ahora un periodo de incertidumbre que podría redefinir su panorama político en los próximos años.

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