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Ébola, el virus de la imagen

Trabajadores médicos llevan a un niño de 8 años sospechoso de estar infectado por el virus a un centro de tratamiento en Monrovia, capital de Liberia. (Fuente: Flikr)
Trabajadores médicos llevan a un niño de 8 años sospechoso de estar infectado por el virus a
un centro de tratamiento en Monrovia, capital de Liberia. (Fuente: Flikr)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ébola, el virus de la imagen. La comunidad internacional se ve afectada por el virus del ébola que consigue traspasar las fronteras del continente africano.

En el campo de las relaciones internacionales, todo suceso lleva consigo ecos implícitos que no conocen de fronteras, y suponen frecuentemente un efecto “dominó” para la imagen de varios actores, con y sin personalidad jurídica internacional definida. Y no siempre para bien.

Liberia, Guinea y Sierra Leona, los tres países africanos más afectados por la epidemia, refuerzan una proyección negativa de su imagen como autores carentes de la capacidad de lidiar con autosuficiencia problemas sanitarios nacionales. Por otro lado, la comunidad Internacional no se ha dado cuenta de la gravedad del virus hasta que ha alcanzado las ciudades, donde existía mayor facilidad de transmisión, ya que  parecía estar aislado en las zonas más rurales.

 No obstante, no todos los implicados son siervos de sus intereses, se observa como las Naciones Unidas y la ONG Médicos sin Fronteras, por citar dos ejemplos significativos, son los actores de imagen humanitaria intachable. Organizaciones que se disponen en primera línea de combate como ayudantes desinteresados en la lucha contra el virus.

 Al contrario de lo que dice David Navarro, coordinador de la acción contra el Ébola de Naciones Unidas, la realidad expone que dichas ayudas no solo llegan con retraso, sino que, la enfermedad se expande con mayor rapidez que la llegada de ayuda internacional. La lucha contra el Ébola deja tras de sí una serie de vestigios de las ayudas eficaces en aspectos económicos pero insuficientes desde el punto de vista material, pues se puede percibir la falta de unidad entre los estados y organizaciones internacionales a la hora de combatir la afección.

Los centros de tratamiento del Ébola no están dispuestos a recibir tantos casos de Ébola. Se requiere a por lo menos cuatro miembros del personal por paciente, una gran estructura para evitar la contaminación de nuevos infectados. Incluso contando con toda la ayuda de fuera, es muy difícil controlar el contagio, ya que se extendió antes de que esa ayuda llegase

 La imagen que nos queda es una imagen de la indiferencia de los gobernantes de algo muy serio, como lo ha sido en los países africanos afectados por el Ébola, que no se dieron por aludidos hasta que el virus llegó a las capitales. Se puede entender que los gobernantes no quieran sembrar el pánico ante los ciudadanos, pero queda sin justificar el ignorar las propuestas por organizaciones especializadas en temas de salud. Se ve como estas organizaciones han sido las que realmente han concienciado al mundo de lo que realmente estaba pasando, y no el propio gobierno de cada país.

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