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Jan Oblak, el búnker del Atlético de Madrid en Munich

Jan Oblak, el búnker del Atlético de Madrid en Munich, ue el hombre que destacó sobre los 14 guerreros que «el cholo» Simeone puso en la cancha del Allianz Arena, en la noche épica, en la noche que toda la hinchada rojiblanca ha esperado durante 42 años.

El portero esloveno, sabe,  como todo colchonero, lo que es sufrir y pasarlo mal. No solo por las más de siete paradas que hizo en la noche del martes frente al Bayern, sino porque hace menos de año y medio era el blanco de las críticas, y el refuerzo  del equipo de manzanares más cuestionado por la prensa y seguidores. Desde que pisó el cesped del Vicente Calderón, Oblak tuvo en su espalda el peso de reemplazar a Thibaut Courtois, guardameta belga que supo ganarse el corazón de los aficionados del Atléti antes de partir al Chelsea.
El primer año del portero nacido en Skofja Loka con la camiseta colchonera no fue nada fácil. Alternó titularidad con Moya, y terminó la temporada 2014/2015 con números muy flojos para un cancerbero de élite. Oblak encajó 18 goles en 21 partidos jugados con el equipo de Simeone.  Su promedio de 0,86 goles encajados por partido dejó un mal sabor de boca para la prensa e hinchada, que después de disfrutar el título de Liga y disputar la final de la Liga de Campeones de Europa, vio como nuevamente el equipo quedaba relegado a la tercera posición en el torneo de primera división del fútbol español. Las fuertes críticas y la poca confianza que generó entre el mundo Atléti poco influyó en Jan Oblak. El portero supo ganarse la confianza de su entrenador, entendió a la perfección la filosofía del «cholismo» y se transformó en una pieza fundamental del equipo. Del infierno al cielo, «San Oblak» a punta de trabajo duro y colosales atajadas tiene al Atlético de Madrid en la final de la Champions y aún vivo y con esperanzas de título en La Liga.

Anoche en Munich, Oblak fue un búnker antibombas, aguantó todo tipo de ataques. Los dirigidos por Guardiola lo intentaron todo, remates de cabeza, a quema ropa y desde media distancia, todos encontraron una muralla humana. Solo  franqueada por Xabi Alonso en un tiro libre desviado por Giménez, y un cabezazo de Lewandowski (una marca registrada del equipo alemán).

Tras el gol del ex madridista que puso en ventaja a los alemanes, se presentó la jugada que determinó sin lugar a dudas en resultado final de la eliminatoria. El central uruguayo José María Giménez cometió un penal infantil al agarrar en el área a Javi Martínez, un hecho que sin duda devastó al charrúa, pues minutos antes, en sus piernas se desvió el balón en la primera anotación de los bávaros. Cuando todo era oscuridad para el joven defensa rojiblanco, cuando él hombre con el 24 como dorsal, sin duda quería que la tierra lo devorara para siempre, apareció el espíritu solidario de Oblak, que hizo suyo el segundo fragmento del eslogan de los mosqueteros que dice «uno para todos», que esta vez fue más un «uno para Giménez», y con una atajada monumental controló el remate de Muller (que hasta ese momento tenía una efectividad desde el punto blanco de 82.35%) y el posterior remate a quema ropa de Xabi Alonso que cazó el rebote.

La oportunidad fallida cayó como un golpe al mentón para los alemanes, que terminaron el primer tiempo muy nerviosos. Nervios que llegaron a su máximo clímax con el empate colchonero en el meridiano del segundo tiempo. Combinación magistral de Griezmann y Torres quienes intercambiaron papeles. El habilidoso francés se puso el traje de goleador y el artillero madrileño el de asistente.

En adelante el partido se jugó en campo Atlético, bombas en forma de balones cayeron una y otra vez sobre la portería de Oblak que resistió hasta donde fue humanamente posible. El 2-1 de Lewandowski fue una ley del fútbol y jugada marca registrada del Bayern. Centro desde el costado cabezazo hacia el segundo palo de Vidal, y cumpliendo con la norma futbolera del doble cabezazo es gol, «el tanque polaco» la mandó al fondo de la red, anotación que poco sirvió, la revancha tras 42 años de dolor y tristeza rojiblanca estaba consumada. El Atlético de Madrid ya tiene su lugar en la final de Milán.

Jairo A. Castillo

@jairocastillo88

 

 

Sobre el Autor

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