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Los navegadores GPS desactivan las áreas del cerebro encargadas de la orientación

Mapa del centro de Londres. En rojo, las calles con más conexiones, en azul las más aisladas. JOAO PINELO SILVA / EL PAÍS

La capacidad de nuestros cerebros para orientarse, se ve paulatinamente debilitada por el uso de los navegadores GPS. Así como también ha quedado demostrado que las calculadoras han interferido en las habilidades para el uso de las matemáticas, o la agenda del teléfono ha afectado a nuestra memoria, de tal manera que nos cuesta mucho más recordar un número de teléfono, un estudio muestra ahora que el navegador del coche o del móvil provoca que las áreas cerebrales dedicadas a la orientación espacial y a la navegación reduzcan su actividad.

El estudio ya clásico, realizado en Londres y publicado a comienzos de siglo en Nature Communications, demostró que el cerebro de los taxistas tenía un tamaño considerablemente superior que el de otras personas. En concreto, la región cerebral del hipocampo posterior, mostraba una mayor densidad de materia gris. Los resultados de este estudio fueron confirmados una década después: se le impuso a una muestra de taxistas que tuvieran que aprenderse el callejero con las más 25.000 calles londinenses para poder obtener la licencia. Sólo lo lograron aquellos con el hipocampo más desarrollado, de entre todos los participantes.

Un grupo de investigadores que buscaba identificar cómo el hipocampo se las ingenia para navegar por un espacio. Para ello, los científicos escanearon el cerebro de 24 voluntarios mientras se movían por un mapa virtual de las calles del Soho londinense. Mediante este procedimiento, querían investigar también cómo otras áreas cerebrales como el córtex prefrontal, intervienen a la hora de planificar nuevas rutas y resolver problemas. Por ejemplo, qué hacer si hemos tomado el camino equivocado y nos vemos obligados a buscar una nueva ruta. Los voluntarios tuvieron que llevar a cabo 10 rutas, de las cuales, en cinco, estaban asistidos por un navegador. Sin embargo, en las restantes eran ellos los que tenían que decidir dónde girar a la izquierda, a la derecha o seguir recto, según las circunstancias.

Mediante este estudio, el grupo de investigadores logró demostrar que cuando los voluntarios navegaban en modo manual, tanto su hipocampo, ubicado en la parte más interior e inferior del cerebro, como el córtex prefrontal, mostraban mayor actividad al llegar a una nueva calle. De hecho, el registro del escáner era mayor cuántas más opciones tenían ante sí. No obstante, este extra de actividad cerebral no se producía cuando los sujetos se dejaban guiar por el navegador.

El responsable del laboratorio de cognición espacial del University College de Londres y coautor del estudio, Hugo Spiers, dice en una nota que «llegar a un cruce como el de Seven Dials en Londres, donde se juntan siete calles, puede aumentar la actividad del hipocampo, mientras que un callejón sin salida la reduce». Añade que «si tienes que enfrentarte con la complejidad de calles de una ciudad, probablemente tengas que exigirle más a tu hipocampo y tu córtex prefrontal».

Los resultados derivados de esta investigación confirman el papel clave del hipocampo en la orientación espacial y la planificación de rutas, y más concretamente, muestra cómo ayuda ante nuevas situaciones y en la resolución de problemas.

«Sin embargo, si tenemos tecnología que nos dice qué camino escoger, estas zonas del cerebro no responden a la red de calles. En este sentido, nuestro cerebro se desentiende de las calles que nos rodean», comenta Spiers.

 

Marina Alcázar, @Marina_Alcazar

Sobre el Autor

Campus de Villaviciosa de Odón - Madrid
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