Carla Feria Máquez, Daniela García-Viana y Shantal Dos Santos
Este 9 de marzo en el auditorio del edificio B de la Universidad Europea, Franz Hassmann, ingeniero informático y CIO de BBVA Technology con más de 25 años de experiencia en transformación digital, inauguró una nueva edición de la Digital Week con una ponencia centrada en el impacto de la inteligencia artificial en el entorno empresarial y laboral.

Estudiantes presentes en la charla de Franz Hassmann. Foto: Shantal Dos Santos.
La nueva edición de la Digital Week ha comenzado hoy con una charla centrada en uno de los fenómenos tecnológicos que más está marcando la actualidad: la inteligencia artificial. La sesión inaugural estuvo a cargo de Franz Hassmann, quien analizó el impacto de esta tecnología en las empresas, el empleo y la forma en la que se desarrollará el trabajo en los próximos años.
Durante su intervención, Hassmann explicó que, aunque actualmente la inteligencia artificial ocupa titulares y se ha convertido en uno de los temas más presentes en el debate público, su desarrollo comenzó hace varias décadas. Los primeros intentos de crear sistemas inteligentes se remontan a los años cincuenta, cuando investigadores desarrollaron modelos matemáticos que trataban de imitar el funcionamiento de las neuronas humanas. Estos primeros experimentos sentaron las bases de lo que posteriormente se convertiría en el campo de la inteligencia artificial.
Uno de los puntos de inflexión llegó en 2017, cuando Google publicó un artículo científico que cambió la forma en la que las máquinas interpretan el lenguaje natural. A partir de ese momento, los sistemas fueron capaces de comprender mejor el contexto de las frases y generar respuestas mucho más precisas. Este avance ha permitido el desarrollo de asistentes virtuales y herramientas generativas que hoy forman parte del uso cotidiano de millones de personas.
En su intervención, apuntó que los modelos más recientes ya superan al ser humano en determinadas facetas cognitivas, especialmente en su capacidad para identificar patrones y predecir información, como ocurre cuando anticipan cuál será la siguiente palabra en una frase. Sin embargo, el objetivo actual de la industria tecnológica no se limita a generar respuestas, sino a desarrollar sistemas con mayor autonomía que puedan interactuar con distintas herramientas y automatizar procesos completos.
En este sentido, el experto explicó que la evolución de la IA apunta hacia sistemas capaces de ejecutar tareas por sí mismos, desde organizar viajes o buscar las mejores ofertas hasta interactuar con plataformas corporativas como recursos humanos o sistemas financieros. “Ya no se trata solo de preguntar, sino de que la inteligencia artificial sea capaz de hacerlo”, afirmó, poniendo como ejemplo acciones cotidianas como reservar una sala o gestionar determinadas tareas administrativas.
Pese a su potencial, la inteligencia artificial todavía enfrenta importantes desafíos. Entre ellos, Hassmann destacó tres grandes retos: la explicabilidad de los modelos, la seguridad frente a posibles ataques y la regulación de su uso. Actualmente, los sistemas de IA son muy eficaces generando resultados a partir de grandes volúmenes de datos, pero en muchos casos no pueden explicar con claridad cómo han llegado a determinadas conclusiones. Por otro lado, también existe preocupación por su vulnerabilidad a ataques o manipulaciones.
El impacto de la IA en el mercado laboral fue otro de los aspectos más destacados de la charla. Hassmann explicó que cada gran transformación tecnológica ha modificado el uso de recursos fundamentales, y en este caso la inteligencia artificial afecta directamente a la inteligencia humana aplicada al trabajo. En algunos procesos, señaló, el modelo tradicional en el que cien personas realizaban una tarea podría evolucionar hacia sistemas en los que las máquinas ejecutan gran parte del trabajo bajo la supervisión de profesionales.
No obstante, el experto subrayó que la implantación de estas tecnologías también implica costes elevados de desarrollo y mantenimiento, lo que obliga a las empresas a diseñar estrategias equilibradas para integrarlas de forma eficiente.
Más allá del impacto tecnológico, Hassmann insistió en la importancia de las habilidades humanas para adaptarse a este nuevo contexto. El pensamiento crítico, la resolución de problemas complejos y la capacidad de aprendizaje continuo serán, a su juicio, competencias fundamentales en el futuro del trabajo. “Nos vamos a pasar aprendiendo toda la vida”, concluyó, destacando que la convivencia entre personas y máquinas marcará la evolución de las organizaciones en los próximos años.