Frío

José María Peredo

Bret Stephens recuerda en el New York Times del viernes 23 de enero que el foro de Davos es la cumbre elegida por Thomas Mann para construir la narración literaria de La montaña mágica.

En un exclusivo sanatorio donde los enfermos de tuberculosis comparten el deterioro de su salud y debaten sus opiniones sobre el decadente orden europeo de la Belle Epoque. El joven huérfano Hans Castorp declara su amor a Madame Chauchat, la bella rusa de rasgos asiáticos, hacia quien el destino y la enfermedad le habían conducido. Un idealista italiano, Settembrini, y otro paciente, el realista Leo Naphta, discrepan sobre política y respiran el aire de los Alpes como una última esperanza. 

En la fría oscuridad de las nieves, alterados por la enfermedad, los amigos se baten en duelo y para no hacerse daño el uno al otro, el liberal dispara al aire y el conservador se suicida. Stephens recoge la escena en su artículo y la utiliza para mostrar la gélida relación de Donald Trump y los aliados euroatlánticos en Davos, 2026. 

El discurso del primer ministro canadiense Mark Carney y el del presidente de Estados Unidos en el prestigioso foro coincidieron en certificar la llegada de un nuevo orden mundial donde se fortalece la competición entre las grandes potencias y se debilita definitivamente el orden liberal basado en reglas. Sin embargo, discreparon radicalmente en su valoración.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, asiste a la 56ª reunión anual del Foro Económico Mundial (WEF) en Davos, Suiza, el 22 de enero de 2026 - REUTERS/ DENIS BALIBOUSE
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, asiste a la 56ª reunión anual del Foro Económico Mundial (WEF) en Davos, Suiza, el 22 de enero de 2026 – REUTERS/ DENIS BALIBOUSE

Para Carney, el cambio de orden proyecta los intereses de los grandes actores, pero deja huérfanos a los actores intermedios, que deberán adaptarse al nuevo marco geoestratégico desde la acción conjunta y la asunción de unos riesgos comunes, para los cuáles las instituciones y acuerdos tradicionales entre aliados ya no son fiables. Para Donald Trump, el nuevo orden debe aceptar una visión jerárquica, que reconozca la deuda histórica y política de los aliados con Estados Unidos, y el papel dominante de la gran potencia para afrontar retos como la seguridad en el Ártico, la explotación de recursos estratégicos o la revisión de aranceles

La enfermedad que padece el orden mundial ha alterado la naturaleza globalizadora del Foro de Davos. Y a los pocos días Trump amenazó a Canadá con unos aranceles desorbitantes si mantenía relaciones comerciales preferentes con China. Con el trasfondo de Groenlandia, la tensión entre los gobiernos de Canadá y Estados Unidos pone de manifiesto la necesidad de recomponer el marco euroatlántico y la OTAN, antes de que la agresiva política de Donald Trump desbarate los logros de una seguridad compartida durante décadas, aunque tal estabilidad haya estado deficientemente financiada por los aliados europeos. 

El discurso de Carney es un diagnóstico para hacer frente a la tuberculosis institucional europea, anclada en la defensa de un orden adormecido en su bienestar y alejado del liberalismo emprendedor, ahora imprescindible para afrontar la innovación/adaptación tecnológica. E incapaz de cohesionar una política exterior común que mete en el mismo saco al terrorismo de Hamás y al gobierno democrático de Israel y saca del mismo saco a Vladimir Putin, tal y como ha denunciado Zelensky en la Cumbre.  

Pero si Thomas Mann hubiera asistido a la intervención de Donald Trump en Davos, probablemente no hubiera escrito La Montaña Mágica, o si acaso, la hubiera escrito de otra manera. En el relato del novelista alemán se confirma la decadencia de la vieja Europa y se anticipa el enfrentamiento de los europeos. Pero aquellos europeos enfermos de la Belle Epoque no vivían en el discurso del odio como lo harían después los europeos de entreguerras. 

En la Montaña Mágica publicada en 1924, Mann intenta destacar con sus personajes que se aman y se perdonan la vida, que Europa había envejecido enferma, pero no se odiaba. Y, por tanto, el nuevo orden no debía de construirse sobre el odio sino sobre el entendimiento. Exacta y desgraciadamente lo contrario que opinaron y promovieron Lenin y Hitler

La fría relación euroatlántica no solo ha cristalizado en el foro de Davos. El presidente finlandés Alexander Stubb, internacionalista liberal con altas responsabilidades en organismos económicos, ha publicado recientemente un artículo en la revista Foreign Affairs (enero 2026) con el título “The West last chance”. Para advertir, igual que su colega canadiense, de la urgencia de construir un nuevo orden global

Desde su punto de vista, el de un líder que representa a un país nórdico y tradicionalmente neutral que se ha convertido en miembro de OTAN, la negociación multilateral debe estar presente en este momento definido por la multipolaridad. Contrapone el multilateralismo del proceso de Helsinky, cuya visión geopolítica integró el espacio euroatlántico y el soviético en la distensión de 1975, con la visión multipolar de Yalta que repartió territorios y zonas de influencia en 1945.  

El presidente de Finlandia, Alexander Stubb, asiste a la 56ª reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos, Suiza, el 21 de enero de 2026 - REUTERS/ DENIS BALIBOUSE
El presidente de Finlandia, Alexander Stubb, asiste a la 56ª reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos, Suiza, el 21 de enero de 2026 – REUTERS/ DENIS BALIBOUSE

El ejemplo no es extrapolable a este momento histórico, mucho más diversificado en actores y riesgos. Pero el espíritu de la distensión si puede servir de ejemplo para dar un primer paso hacia la construcción de un marco de convivencia internacional. Un escenario que abriera paso a la estabilización de este nuevo orden de potencias y actores estratégicos, desarrollado y limitado a través de normas renovadas o de nueva creación, y abierto al intercambio de intereses

En el caso de las democracias, despolarizado y reforzado con nuevos liderazgos, que procedan de los sectores privados y aporten competencias para la innovación tecnológica y la gestión internacional. En el caso de Europa, regenerado con políticos eficientes, una vez que los ideólogos progresistas y populistas de la actualidad hayan sido enviados a un sanatorio lejano, para que respiren aire puro.  

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