La cumbre de la Junta de Paz sobre Gaza reconfigura el tablero internacional y expone el desafío estratégico europeo

Nicole Serfaty y Elmira Loffredo

Washington acogió el 19 de febrero de 2026 la primera cumbre de la denominada Junta de Paz impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump, con la participación de 30 líderes internacionales, o sus representantes, para supervisar la transición del alto el fuego en Gaza hacia el desarme de Hamás y la reconstrucción de la franja, en un intento de crear un nuevo mecanismo internacional alternativo a la ONU, con 5.000 millones de dólares ya comprometidos y con la ausencia destacada de las principales potencias europeas.

La reunión marca el lanzamiento formal de un proyecto que nace del plan de 20 puntos presentado por Trump en el Foro Económico Mundial de Davos. Según la Casa Blanca, el objetivo es gestionar la llamada “Gaza posguerra” mediante un organismo que supervise el tránsito desde el actual alto el fuego hasta el desarme de Hamás y la reconstrucción del territorio. Sin embargo, la iniciativa va más allá de la mera coordinación humanitaria. Trump ha defendido abiertamente que la Junta pueda convertirse en un mecanismo capaz de competir con la Organización de las Naciones Unidas, a la que acusa de no haber gestionado eficazmente el conflicto, aunque también habla de trabajar junto a esta organización y ayudarla a “sanar”.

En el plano financiero, Washington anunció que ya existen 5.000 millones de dólares comprometidos para ayuda y reconstrucción. Además, el modelo institucional establece que los miembros permanentes deberán aportar al menos 1.000 millones de dólares, consolidando un esquema en el que la capacidad de financiación se traduce en influencia directa dentro del organismo.

Entre los asistentes, el presidente argentino Javier Milei, el mandatario paraguayo Santiago Peña y el primer ministro húngaro Viktor Orbán, junto con representantes de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Indonesia y Marruecos. La presencia de países del Golfo y de potencias emergentes mostró que la iniciativa estadounidense logró sumar apoyos más allá de sus aliados tradicionales.

La ausencia más significativa fue la de las principales potencias europeas. Francia y Alemania no participaron en la cumbre, al igual que España tampoco se sumó al encuentro. La imagen proyectada fue la de una Europa dividida y con perfil bajo en una cita que puede redefinir equilibrios estratégicos en su vecindad inmediata.

Durante décadas, la Unión Europea ha sido considerada una potencia normativa, basada en el derecho internacional y el multilateralismo. Sin embargo, en un entorno internacional marcado por la competencia geopolítica y la lógica de bloques, su influencia parece enfrentarse a nuevos límites. En este contexto, cobra relevancia la advertencia del por el ex vicepresidente de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, quien en la Jornada del Nuevo Orden Mundial: Una Visión Geoestratégica desde Europa y la OTAN, en Universidad Europea de Madrid, afirmó que “hasta ahora Europa ha jugado el juego de las reglas, ahora tiene que jugar el juego del poder”. La cumbre de Washington muestra el contraste entre quienes defienden reglas y quienes ejercen poder.

Uno de los anuncios más relevantes fue la posibilidad de desplegar una fuerza internacional de estabilización en Gaza, contemplada en la carta fundacional del nuevo organismo. Indonesia ofreció tropas para una eventual misión, aunque todavía no se ha definido con precisión su mandato ni cuál será el futuro político de Gaza. En el plano ejecutivo, figuras como Jared Kushner, Marco Rubio y Tony Blair supervisarán un Comité Nacional palestino de tecnócratas encargado de la administración civil, aunque sin poder político real.

Esta estructura ha generado críticas inmediatas, especialmente por la ausencia de representación palestina en el órgano que adoptará las decisiones estratégicas. Sobre el terreno, la situación continúa siendo frágil. 

Hamás exige un cese total verificable y la retirada israelí antes de negociar cualquier desarme, mientras que la Yihad Islámica acusa a la Junta de alinearse con el gobierno de Benjamín Netanyahu. La Autoridad Palestina advierte que sin garantías políticas y de seguridad cualquier plan será prematuro.

Tras la cumbre, quedan por definir aspectos clave como el calendario de desembolso de los fondos, el mandato concreto de la eventual fuerza internacional y la coordinación operativa con Israel, que controla accesos y espacio aéreo. Más allá de Gaza, el encuentro ha abierto un debate de mayor alcance: quién define las reglas del nuevo orden internacional y qué papel está preparada para desempeñar Europa en un escenario cada vez más condicionado por el ejercicio directo del poder.

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